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Los dos tipos de Psicoterapias

Existía hasta hoy apenas un tipo de psicoterapia, seguidas por todas las Escuelas psicoterapéuticas, desde las más ortodoxas hasta las más recientes: la Psicoterapia de los sentimientos. Hace siglos todos hemos utilizado ese paradigma, el de tratar los sentimientos de las personas que nos buscan en el consultorio. Lo que nos ha importado son sus sentimientos, y nuestro foco, donde colocamos nuestra atención, lo que deseamos que mejoren.

Estamos siempre intentando ayudar a las personas a mejorar sus sentimientos, amenizar sus dolores, sus rencores, sus sentimientos de rechazo, sus rabias, sus críticas, la esperanza, de que, quien sabe, con años y años de terapia, con sesiones y más sesiones, ellas evolucionen para un nivel más elevado de sentimientos, se liberen, vuelen para un lugar donde el aire sea más puro, el panorama más bello y el horizonte más amplio.

Y, realmente, con las terapias diversas y diversificadas, ortodoxas o modernas, oficiales o alternativas, muchas personas mejoran sus sentimientos, muchas casi perdonan sus verdugos, una gran parte consigue amenizar sus sufrimientos emocionales. Y después de años de terapia, decenas de sesiones, las personas que realizaron terapia pueden afirmar que están mejores, que amenizaran su vida, que calmaron sus sentimientos subterráneos o volcánicas, que se sientes mejores, que conviven mejor con los demás y hasta con los causantes de sus males, que están viviendo de una manera más satisfactoria, trabajando mejor, sintiéndose más leves y felices. Y nuestra misión, la de los psicoterapeutas, va realizándose, y seguimos nuestro trabajo sintiendo que estamos haciendo lo posible, y en muchos casos lo estamos consiguiendo.

Pero en todo este tiempo hemos fracasado en nuestra buena intención de realmente curar las personas de sus heridas, y nosotros curarnos las nuestras, por un motivo muy simple: la historia de vida que las personas nos cuentas, es nuestra propia historia de vida, es una historia verdadera, pero la manera como la vimos, como la entendemos, como la interpretamos, cuando niños y hoy en día, es equivocada. Las personas (lo que creemos que somos) desde la infancia, entienden las situaciones, ven la realidad a su vuelta de la manera como consiguen, como son capaces, con la visión superficial característica de su propia superficialidad, lo que parece real pero no es. La persona aes una ilusión que creamos a nuestro respecto  y su historia es entonces la ilusión de la ilusión.

Esa versión ilusoria de nuestra infancia y de nuestra vida actual es la que creemos y ella se refleja en nuestros sentimientos y cuando vamos a realizar un tratamiento psicoterapéutico es aversión de la historia que contamos para nuestro terapeuta, que por también creer en su propia versión ilusoria, cree en la nuestra y resolvemos entonces en conjunto los sentimientos que vienen junto con ella, y a veces conseguimos y a veces no, o sea tenemos suceso o  fracasamos.

Pero aún cuanto tenemos éxito y nuestros sentimientos se amenizan, se calman, se suavizan, todos fracasamos en lo principal, pues la versión ilusoria permanece la misma, y ella generalmente permanece toda la vida, hasta que un día fallecemos, desencarnamos, subimos para el Mundo Espiritual y allá arriba, de a poco vamos recordando la verdadera interpretación de nuestra historia (“Versión-Espíritu”) y ella siempre es muy diferente de aquella que creíamos. Pues la versión verdadera es la versión de nuestro espíritu y pasamos toda una vida creyendo en una versión, la de nuestra persona, que parecía tan real. Tan coherente, pero que era en verdad una interpretación superficial. Aparente de una historia más profunda, más antigua, la verdadera, la que se escondía detrás de los que llamamos “las ilusiones de los rótulos de las cáscaras”.

Con el retorno de la reencarnación, a la memoria de más y más personas aquí en el lado occidental de nuestro planeta, lo que antes parecía ser apenas un concepto religioso, con la llegada de la Psicoterapia Reencarnacionista, adentra al consultorio de los terapeutas y se revela un asunto psicoterapéutico. Con el ingreso de la reencarnación en el consultorio, la versión de las historias que las personas nos cuentan, comienza a ser cuestionada y aunque sea muy difícil que sepamos la interpretación verdadera de nuestra historia y de las personas que vienen a buscar ese tipo de tratamiento, una cosa sabemos: aquellas historias llenas de rencor, de sentimientos de rechazo, de rabia, de crítica, de indignación, no son tanto así, fueron leídas de esa manera desde la infancia y continuaron siendo leídas así en la adolescencia, en la vida adulta y en la inmensa mayoría de los casos hasta la vejez y hasta la hora de la muerte.

Y entonces, nuestro Espíritu sale de nuestro cuerpo fallido, subimos para el Mundo Espiritual y allá, de a poco nos vamos liberando de nuestros rótulos y consecuentemente de nuestra persona anterior y en la medida que eso va ocurriendo, vamos percibiendo que pasamos toda una vida creyendo en algo, en una visión de nuestra vida, en una interpretación de una historia que ahora comienza a diluirse, hasta desaparecer por completo. Aquí abajo éramos el hijo o la hija de alguien, o padre o madre de alguien, teníamos un nombre y un apellido, teníamos un género sexual pertenecíamos a una raza, teníamos un color de piel, éramos de una cierta nacionalidad y de a poco en el Mundo Espiritual vamos dejando de ser todo eso, vamos perdiendo nuestros rótulos, como si nos fuésemos descascarando ¿y qué va surgiendo? Una esencia, una estructura energética que aquí en la tierra llamamos de espíritu, y que es nosotros mismos, nuestro verdadero aspecto.

En el período entre vidas vamos encontrando la versión verdadera de nuestra historia, muy diferente de aquella visión que pasamos décadas creyendo aquí en la tierra, tan correcta y coherente, de rencor, de rechazo, de rabia que contábamos para las personas, contábamos para nuestros terapeutas y creíamos en ella y todas creían en ella pues todas las personas pasan toda su encarnación creyendo en la “versión persona” de sus historias, sin percibir que son apenas interpretaciones de nuestras personas, y nuestras personas son cáscaras temporarias, y que un día sucumben y salen a la superficie, de a poco allá arriba, en el lugar de la liberación la verdadera interpretación de nuestra historia.

Dejamos un poco de lado la teoría y vamos a la práctica. Agregando la Reencarnación a la psicoterapia debemos analizar nuestros problemas, dramas y sufrimientos ¿Cómo surgiendo a partir de nuestra infancia o debemos pensar porque co-creamos esa infancia? ¿Observar la infancia como el comienzo de la vida o sabiendo que ella es la continuación de nuestra vida aquí en la Tierra, interrumpida al final de la encarnación anterior, y entonces una estructura karmica co-creada por nosotros y por el Todo (DIOS), basada en las Leyes Divinas de la Finalidad, de Necesidad, de Merecimiento, de Rescate y de Retorno? Nuestra historia es invariablemente una historia muy antigua, que yace escondida dentro de nuestro inconsciente, y que la sabiduría del Dr. Freud intuyó que debería ser abierto y estudiado, pero no fue seguido por sus seguidores y comienza ahora a ser seguido por nosotros, llamado de alternativos, esotéricos y otros adjetivos no tan simpáticos que simplemente resolvemos obedecer al Maestro vienés. 

Es muy difícil una cura verdadera de un sentimiento que está vinculado a una versión ilusoria de nuestra historia y es muy fácil la mejoría de cualquier sentimiento si conseguimos liberarnos de la visión egoísta de nuestra historia y encontrarnos la visión espiritual de ella. La Psicoterapia Reencarnacionista, siendo una psicoterapia que intenta cambiar el racionamiento, deja nuestros sentimientos y de las personas que tratamos un poquito de lado y apunta para el pensamiento, para la interpretación de nuestra historia de vida, pues es ahí que el sentimiento puede ser realmente curado, ya que el sentimiento viene del pensamiento y ese viene del razonamiento.

La visión ilusoria de nuestra historia de vida mantiene aprisionado el sentimiento, sin embargo liberarse de ella y encontrar su visión espiritual, va eliminando gradualmente el sentimiento por el entendimiento que trae, basado en la necesidad de los gatillos y de los reencuentros. Una cosa es pensar que sentimos rencor por lo que nuestro padre o nuestra madre nos hicieron, otra cosa es descubrir que nuestro Espíritu pidió (necesitó) ese padre o esa madre para intentar curar un antiguo rencor, centenario o milenario, e que para encontrarla necesitaba de coadyuvantes en su trayectoria, comúnmente llamados de “villanos”, para que aflorase dentro de sí,  y que muy probablemente en encarnaciones pasadas había hecho lo mismo, o peor, para aquellos espíritus o para otros, y que ahora la Sabiduría Universal le regala lo que se llama Retorno, la oportunidad que Dios nos da para el recate y la cura. Más allá, claro de la posibilidad del encuentro con una tentativa de rescate entre nosotros y el actual “villano” originado en otra época, en donde los “villanos” éramos nosotros.

Y esa es la meta y la finalidad de la Psicoterapia Reencarnacionista, ayudarnos a todos nosotros, a través de las conversaciones y de las regresiones comandadas por los Mentores, como si fuese el Telón del Mundo Espiritual, para entender para que reencarnamos, porque necesitamos de aquella infancia, porque pedimos para venir hombre o mujer, rico o pobre, o hijo mayor o 2° o 3° o el menor, porque precisamos de ese padre, de esa madre, encarnar en ese país, en esa raza, con ese color de piel, en esa religión familiar y porque todo lo que pasa en nuestra vida es lo que nuestro espíritu ansia y necesita, para que usando el libre albedrio podamos hacer una de dos cosas: finalmente acertar o errar de nuevo.

La Psicoterapia Reencarnacionista es una nueva manera de encarar y tratar nuestros problemas, no como las antiguas psicoterapias de los sentimientos y sí, como la Psicoterapia del razonamiento. Cuestionar las historias de las personas, debilitarlas a través de los cuestionamientos que la Reencarnación trae consigo, y ayudarnos a encontrar la visión verdadera de esa historia, la visión de su Esencia, es el modus operandi de esta terapia espiritual, la terapia de la liberación, aquí en la Tierra, para cuando lleguemos allí arriba, de regreso a Casa, no nos asustemos y no nos avergoncemos cuando nos muestren el Telón.